Los Ig Nobel salieron de Estados Unidos por primera vez en treinta y cinco años.
El motivo que dio su fundador no tiene ninguna gracia.
La 36ª edición de los premios Ig Nobel se entregó el 3 de septiembre de 2026 en el Kongresshaus de Zúrich, ante unas mil quinientas personas y con el tema de los hongos como hilo conductor. Es la primera vez que la ceremonia se celebra fuera de Estados Unidos desde que se inventó en 1991. La organización anunció el traslado en marzo con una explicación que Marc Abrahams, fundador de los premios, formuló sin adornos, durante el último año se ha vuelto inseguro que sus invitados visiten el país, y no podía pedir en conciencia a los nuevos galardonados ni a los periodistas internacionales que cubren el acto que viajaran allí este año.
La ceremonia se organizó en cooperación con la Universidad de Zúrich, instituciones del ámbito del ETH y la propia ciudad. Los aviones de papel lanzados desde el patio de butacas sobrevivieron al traslado. La edición de 2027 está anunciada en Amberes, en Flandes. Que un premio dedicado al humor científico tenga que mudarse de continente por razones de seguridad para sus invitados es, en sí mismo, la noticia menos divertida de la jornada.

Los entrega un puñado de premios Nobel de verdad y el trofeo se cae a pedazos.
El criterio desde 1991 es premiar lo que primero hace reír y después hace pensar.
Los Ig Nobel los concede la revista Annals of Improbable Research, fundada y dirigida por Marc Abrahams, y la primera ceremonia se celebró en el museo del MIT en 1991. El criterio declarado es honrar logros que primero hacen reír y después hacen pensar, y la fórmula incluye que sean galardonados auténticos quienes entreguen los premios. Este año lo hicieron en persona Esther Duflo, Abhijit Banerjee, Michel Mayor y Tim Hunt. Es una diferencia notable respecto a la solemnidad de los premios que TecnoTimes reseñó al escribir sobre los Nobel de 2025, aunque el material de partida, artículos publicados y revisados por pares, sea el mismo.
El trofeo cambia cada año y se fabrica deliberadamente con materiales baratos, pensado para deshacerse. El de 2026 seguía el tema de los hongos, una estatuilla construida a mano con forma de seta cuyo pie es un pie humano, con pequeñas setas creciendo entre los dedos y una cuña de queso azul como base. La agencia Associated Press lo describió como un cruce entre una seta y un pie. A eso se sumó el elemento que sí se repite casi siempre, un billete falso de diez billones de dólares de Zimbabue, que como divisa vale unos cuatro céntimos y como curiosidad bastante más.

Una probóscide de mosquito imprime más fino que cualquier boquilla comercial y cuesta cien veces menos.
El urinario rediseñado deja las salpicaduras en el 1,4 por ciento de las de un modelo convencional.
El premio de Tecnología fue para Justin Puma y once colaboradores más, de instituciones de China, Canadá, Estados Unidos y Egipto, por usar probóscides de mosquito como boquillas de impresión tridimensional de alta resolución, una técnica que los propios autores bautizaron como necroprinting, impresión con material biótico ya sin vida. El trabajo se publicó en Science Advances el 19 de noviembre de 2025, firmado desde la Universidad McGill y la Universidad Drexel. La aguja bucal del mosquito extrude líneas más finas que un cabello humano, y la comparación económica es la parte que convierte la ocurrencia en ingeniería, unos ochenta céntimos de dólar por punta frente a unos ochenta dólares por una boquilla comercial equivalente.
El premio de Física recayó en Randy Hurd, Zhao Pan, Tadd Truscott y Kaveeshan Thurairajah por lo que la cita oficial describe como intentos teóricos y experimentales de diseñar un urinario sin salpicaduras. El trabajo apareció en PNAS Nexus en abril de 2025 y produjo dos prototipos con nombre propio, Cornucopia y Nautilus, cuya geometría está calculada para que el chorro incida en la superficie con un ángulo suficientemente bajo. El resultado medido es que las salpicaduras se reducen a alrededor del 1,4 por ciento de las de un urinario convencional. Es el mismo tipo de ejercicio que TecnoTimes practicó al explicar la cena de Navidad desde la física y la psicología, aplicar herramientas serias a un asunto que nadie consideraba digno de ellas.

La cita oficial del premio de ciencia del suelo no cuadra con el estudio que premia.
Ni fueron mil calzoncillos ni fueron veinticinco países.
El premio de Ciencia del Suelo fue para Franz Bender, Marcel van der Heijden, Atlant Bieri y Pia Viviani, y la cita oficial dice literalmente que lo reciben por enterrar mil pares idénticos de calzoncillos en más de veinticinco países y desenterrarlos dos meses después. El proyecto existe, es serio y es suizo. Se llama Beweisstück Unterhose, prueba pericial calzoncillo, lo dirigen Agroscope, el centro federal suizo de investigación agraria, y la Universidad de Zúrich, y se puso en marcha en 2021. Los resultados se publicaron en Science en 2025 y en Plants, People, Planet en agosto de 2026.
Las cifras de la cita, en cambio, no se sostienen contra ninguna fuente del propio estudio. El proyecto se desarrolló exclusivamente en Suiza, y ni la nota de prensa de la Universidad de Zúrich, ni la ficha de Agroscope, ni la cobertura internacional mencionan veinticinco países ni país alguno fuera de las fronteras suizas. El mil tampoco cuenta calzoncillos, cuenta personas, fueron alrededor de mil científicos ciudadanos repartidos en unos mil puntos de muestreo, que enterraron más de dos mil pares de calzoncillos de algodón, dos por punto, junto a unas doce mil bolsitas de té. Lo que sí es exacto son los dos meses de enterramiento y el hallazgo principal, el uso del suelo resultó ser el factor dominante y la descomposición fue más rápida en huertos y jardines residenciales.
El método tiene sentido. El algodón es celulosa pura, así que la velocidad a la que un calzoncillo se deshace bajo tierra mide la actividad de los organismos que descomponen materia orgánica, que es uno de los indicadores prácticos de salud del suelo. Lo que falla no es la ciencia sino su traducción a una frase de premio, el mismo salto que TecnoTimes examinó al desmontar el relato del musgo chino que sobrevive a todo, donde el resultado real era sólido y la versión que circulaba era otra cosa.

El premio de Biología de este año honra un artículo retractado hace más de un año.
La organización lo cita sin mencionar que la revista lo retiró por problemas éticos.
Entre los diez premiados de 2026 figura un caso que merece señalarse. El galardón de Biología fue para un equipo brasileño y australiano por pisar suavemente distintas partes de serpientes venenosas, de forma repetida, a distintas temperaturas y a distintas horas del día, para averiguar qué induce a una serpiente a morder a un humano. El artículo se publicó en Scientific Reports en 2024, y la revista lo retractó en febrero de 2025 por problemas relativos a la autorización y a la ética en el uso de animales en el Instituto Butantan. La ficha oficial del premio cita el artículo sin mencionar la retractación.
En los otros siete premios de la edición no aparece, en la documentación consultada, una situación equivalente, aunque algunos de los trabajos tienen ya bastantes años. El de Economía premia un artículo de PNAS de 2012 sobre la mayor disposición de las clases altas a quedarse con caramelos destinados a niños. El de Medicina recayó, a título póstumo, en Tokuji Unno por un estudio aerodinámico de 1977 sobre cómo sonarse la nariz. El de Olfacción documenta que los bebés huelen maravillosamente a sus padres y los adolescentes no. La distancia temporal es parte del método, los Ig Nobel premian cuando el trabajo ya ha tenido tiempo de sostenerse, y precisamente por eso el caso de la serpiente desentona. Es el reverso de la cautela que TecnoTimes describió al analizar cómo la NASA habla en condicional para no pillarse los dedos.

El formato solo funciona mientras la ciencia premiada aguante la comprobación.
La perspectiva de TecnoTimes sobre qué se juega realmente en estos premios.
Conviene deshacer un malentendido frecuente. Los Ig Nobel no premian ciencia mala. Premian ciencia real que suena ridícula, y la diferencia lo es todo. El urinario está en PNAS Nexus, las probóscides en Science Advances, los calzoncillos en Science y en Plants, People, Planet. Son artículos revisados por pares, con datos, con método y con aplicación, y varios de ellos resuelven problemas concretos, boquillas de impresión asequibles, higiene en baños públicos, indicadores baratos de salud del suelo. El chiste es la puerta de entrada, no el contenido.
Dato TecnoTimes. La verificación de las tres candidaturas que destacamos arrojó una sorpresa. La única cifra que no resistió el contraste no procedía de la prensa que cubrió el acto, sino de la propia cita oficial del premio de Ciencia del Suelo, que reduce a aproximadamente la mitad el número de calzoncillos y añade más de veinticinco países que no aparecen en el estudio.
La lectura de TecnoTimes es que ese doble desliz, una cita oficial que no coincide con el estudio y un premio a un artículo retractado, señala el punto débil del formato. Cuando el humor es el envoltorio de un trabajo sólido, los Ig Nobel hacen algo que la divulgación convencional consigue pocas veces, llevar un artículo de Science Advances a un público que no habría abierto la revista jamás. Cuando el envoltorio se estira un poco para que la frase quede mejor, o cuando nadie comprueba si el artículo premiado sigue en pie, el premio empieza a parecerse a aquello de lo que se ríe. Es la misma frontera que TecnoTimes trazó al escribir sobre el mapa y la mina, entre lo que un titular promete y lo que el laboratorio sostiene.

Referencias.
Fuentes y documentación utilizada.
🧠 DEBATE TECNOTIMES | Ig Nobel 2026, ciencia y humor
¿Puede un premio basado en el humor permitirse perder precisión cuando habla de ciencia real?
La cita oficial habla de mil calzoncillos en más de veinticinco países. El estudio real se hizo solo en Suiza, con unos mil participantes que enterraron más de dos mil pares. La versión oficial es más simple y llamativa, y es la que ha recorrido el mundo.
A eso se suma que el premio de Biología de esta misma edición honra un artículo que Scientific Reports retractó en febrero de 2025 por problemas éticos con animales, sin que la ficha oficial lo mencione. Se puede argumentar que un premio humorístico no es una institución de control de calidad. También se puede argumentar lo contrario, que quien presume de llevar ciencia real al gran público asume una responsabilidad sobre lo que dice de ella.
- 🧩 ¿Debería un premio de divulgación comprobar que el artículo que galardona sigue sin retractar?
- 🔬 Si la versión más llamativa es también la incorrecta, ¿qué queda del trabajo original que pretendía honrar?
- 😄 ¿Ayuda el humor a que la gente se acerque a la ciencia, o acaba enseñándole a no tomársela en serio?
- 🚨 Que la ceremonia tuviera que salir de Estados Unidos por seguridad de sus invitados, ¿es una anécdota organizativa o una señal que merece atención?
JL Meana — TecnoTimes
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