TecnoTimes: Ciencia, Tecnología e Inteligencia Artificial con Pensamiento Crítico

El vocabulario del pensamiento crítico circula en una versión que no pasaría su propia prueba.

Popper negó por escrito lo que casi todo el mundo le atribuye.

La frase más repetida de la divulgación escéptica sostiene que las afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias, y suele atribuirse a Carl Sagan. Sagan la popularizó, eso es cierto, pero no la acuñó. Marcello Truzzi usaba una versión en 1975, Sagan empezó a emplearla hacia 1977, y la idea se remonta al menos a David Hume, que en 1748 escribió que ninguna declaración basta para establecer un milagro salvo que su falsedad resultara más milagrosa que el hecho que pretende establecer. La formulación que todos citamos tiene tres siglos y ningún autor único.

El caso de Karl Popper es especialmente revelador, porque a menudo se presenta su falsacionismo como si un solo contraejemplo bastara para declarar muerta una teoría. En el plano lógico, una observación incompatible contradice una afirmación universal, pero en la investigación empírica hay que comprobar también la fiabilidad de la medición, las condiciones del ensayo y la posibilidad de reproducir el resultado. En La lógica de la investigación científica, Popper explicó que unas pocas afirmaciones básicas aisladas no bastan para aceptar una falsación y exigió la corroboración de un efecto reproducible, al tiempo que reconocía que ninguna refutación empírica resulta concluyente en sentido absoluto. Si el pensamiento crítico pretende examinar los argumentos ajenos, conviene empezar por no convertir a sus referentes en caricaturas.

Infografía sobre los mitos del pensamiento crítico científico, el origen histórico de la frase popularizada por Carl Sagan, sus antecedentes en Hume y Truzzi y la interpretación incorrecta de la falsación de Karl Popper

Un contraejemplo puede contradecir una teoría, pero refutarla científicamente exige algo más.

Popper propuso un criterio para separar ciencia de no ciencia, no una teoría de la verdad.

La Lógica de la investigación científica apareció en Viena en el otoño de 1934 con el pie de imprenta de 1935, y Popper la tradujo él mismo al inglés en 1959. Su propuesta es que lo que distingue a un sistema empírico no es que pueda verificarse sino que pueda falsarse, es decir, que exista al menos una observación concebible capaz de entrar en conflicto con él. Lo que no propuso es un criterio de significado ni un método para establecer que algo es verdadero. Llegó a calificar de leyenda la idea de que pretendía sustituir la verificabilidad por la falsabilidad como criterio de sentido, y escribió que nunca supuso que una conclusión verificada permita establecer una teoría como verdadera.

Hay un obstáculo adicional que conviene conocer porque aparece en cualquier discusión real sobre evidencia. Pierre Duhem lo formuló a principios del siglo XX y Willard Van Orman Quine lo radicalizó en 1951, una hipótesis nunca se somete sola a prueba experimental, siempre va acompañada de supuestos auxiliares sobre los instrumentos, las condiciones y las teorías de fondo. Cuando el experimento falla, la lógica indica que algo del conjunto está mal, pero no señala qué. Por eso en la práctica científica un resultado adverso casi nunca mata una teoría de golpe, se discute durante años qué pieza conviene mover.

Thomas Kuhn publicó en 1962 la otra mitad del cuadro, con la observación de que la investigación normal transcurre dentro de marcos compartidos y que los científicos, mientras trabajan dentro de uno, no tratan las anomalías como refutaciones de la teoría que los guía. También aquí la versión popular se ha ido lejos del original, porque Kuhn rechazó expresamente las lecturas relativistas de su obra, negó que las variables sociales determinen los resultados científicos y aclaró que la inconmensurabilidad entre paradigmas no significa que no puedan compararse. Lo que vale la pena quedarse de ambos es menos épico y más útil, la ciencia no avanza acumulando certezas sino administrando dudas con reglas.

De ahí se siguen tres distinciones que se confunden a diario. El consenso científico es la convergencia de los especialistas hacia una explicación sostenida por varias líneas de evidencia independientes, y no es una votación ni una garantía de infalibilidad. La autoridad científica es competencia reconocida en un ámbito, merece consideración y no sustituye a las pruebas. Y la certeza científica es un grado de confianza justificado por la evidencia, que puede ser altísimo sin llegar nunca a ser una certeza lógica absoluta. La mecánica newtoniana describe con enorme precisión casi todo lo que ocurre a escala cotidiana, y la relatividad no la desmintió sin más, le delimitó un dominio de validez. Eso es progreso, no derrota.

Infografía sobre la falsabilidad de Karl Popper, el problema de las hipótesis auxiliares de Duhem y Quine, los paradigmas científicos de Thomas Kuhn y las diferencias entre consenso, autoridad y certeza científica

Seis pilares del pensamiento crítico científico

PilarAplicación práctica
Escepticismo metodológicoExamina las afirmaciones sin confundir la duda razonada con el rechazo automático de la evidencia.
Evidencia empíricaContrasta las hipótesis con observaciones, mediciones y experimentos cuyo procedimiento pueda examinarse.
Razonamiento lógicoComprueba si las conclusiones se derivan de las premisas y distingue correlación de causalidad.
Evaluación de las fuentesValora la procedencia, los métodos y las limitaciones de cada trabajo, sin confundir prestigio con demostración.
Capacidad de rectificaciónRevisa las conclusiones cuando nuevas pruebas o replicaciones cuestionan la interpretación anterior.
Reconocimiento de sesgosExamina cómo las expectativas y los intereses pueden influir en la elección y la lectura de las pruebas.

Veintinueve estudiantes y una secuencia de tres números bastaron para demostrarlo en 1960.

Buscamos confirmar en lugar de descartar, y esa es la operación que hay que invertir.

Peter Wason publicó en 1960 un experimento que permite observar cómo ponemos a prueba nuestras hipótesis. A veintinueve participantes les presentó la secuencia 2, 4, 6 y les indicó que cumplía una regla desconocida, que debían descubrir proponiendo nuevas ternas y recibiendo como respuesta si cada una se ajustaba a esa regla. La solución era sencilla, tres números en orden creciente, pero solo seis participantes llegaron a identificarla sin haber anunciado antes una regla equivocada, mientras que nueve comunicaron dos o más reglas incorrectas. El experimento mostró que muchos preferían ensayar ejemplos compatibles con su primera explicación antes que buscar casos capaces de descartarla, aunque esos resultados no permiten reducir todos los errores de razonamiento a una sola causa.

Ese sesgo de confirmación es lo que Raymond Nickerson describió en 1998 en una revisión que sigue siendo la referencia del campo, y donde sostiene que si hubiera que señalar un solo aspecto problemático del razonamiento humano merecedor de atención por encima de todos los demás, este estaría entre los candidatos. Conviene una precisión que casi nadie hace, el artículo de Wason de 1960 no contiene la expresión sesgo de confirmación, el término se le atribuye después a partir de su interpretación de aquellos resultados. De ahí sale la pregunta que de verdad discrimina, qué evidencia concreta me haría cambiar de opinión. Quien no sabe responderla no está examinando una hipótesis, está defendiendo una posición. Es la misma distinción que TecnoTimes aplicó al escribir sobre lo que ocurre cuando la revelación compite con la evidencia.

Infografía sobre el experimento de Peter Wason de 1960 con la secuencia 2, 4, 6, los resultados de sus 29 participantes, el sesgo de confirmación y la importancia de buscar pruebas que puedan refutar nuestras hipótesis

Seis preguntas para examinar una afirmación

PreguntaQué permite comprobar
¿Qué se afirma exactamente?Delimita la hipótesis y evita discutir una versión exagerada o imprecisa.
¿Qué pruebas independientes la respaldan y cómo se obtuvieron?Evalúa la calidad de los datos y la posibilidad de contrastar los resultados.
¿Qué explicaciones alternativas existen?Comprueba si los mismos hechos admiten interpretaciones diferentes.
¿Qué intereses o sesgos pueden intervenir?Identifica factores capaces de distorsionar la selección y la interpretación de la evidencia.
¿Qué incertidumbre permanece?Reconoce las limitaciones del estudio y ajusta a ellas el grado de confianza.
¿Qué evidencia me haría cambiar de opinión?Establece qué observación permitiría revisar o rechazar la conclusión inicial.

De cien replicaciones en psicología, treinta y seis dieron resultado significativo.

La revisión por pares no garantiza detectar el fraude, como reconocen sus propios editores.

La parte más exigente del método consiste en aplicárselo a la propia ciencia, donde la fiabilidad también puede medirse. La Open Science Collaboration publicó en Science en 2015 los resultados de cien intentos de replicar estudios de psicología procedentes de tres revistas. El 97 % de los trabajos originales comunicaba resultados estadísticamente significativos, frente al 36 % de las replicaciones, mientras que el tamaño medio del efecto, expresado como coeficiente de correlación, pasó de 0,403 a 0,197. Esa reducción aproximada a la mitad no significa que todos los efectos originales persistieran con menor intensidad ni que el resto fueran necesariamente falsos, porque la significación estadística y el tamaño del efecto responden a preguntas diferentes y una replicación no significativa, por sí sola, tampoco demuestra la inexistencia de un fenómeno.

Las dificultades para reproducir resultados también aparecen fuera de la psicología. En economía experimental, Camerer y sus colaboradores replicaron en 2016 dieciocho estudios de dos revistas de referencia y encontraron un efecto estadísticamente significativo en la misma dirección en once de ellos, el 61 %, con un tamaño medio equivalente al 66 % del original. En biología del cáncer, el Reproducibility Project: Cancer Biology terminó completando cincuenta de los ciento noventa y tres experimentos previstos, entre otras dificultades por la información metodológica insuficiente de numerosos trabajos originales. Entre los efectos positivos que pudieron compararse cuantitativamente, la mediana del tamaño del efecto en las replicaciones fue un 85 % menor que la correspondiente a los experimentos originales. Conviene además no transformar el conocido artículo de John Ioannidis de 2005 en una estadística observada sobre cuántos estudios publicados son falsos, porque su argumento es un análisis de las condiciones que afectan al valor predictivo de los hallazgos, incluida la potencia estadística, los sesgos y las probabilidades previas.

El filtro que suponemos que protege todo esto tiene límites menos conocidos de lo que su reputación sugiere. En un editorial de Nature Neuroscience publicado en 2006, sus responsables explicaron que la revisión por pares no puede ni debe considerarse un sistema capaz de detectar de forma fiable el fraude deliberado, ya que los evaluadores examinan la coherencia de los resultados comunicados y no suelen disponer de medios para comprobar la autenticidad de los datos. Richard Smith, antiguo director del BMJ, describió ejercicios en los que los revisores identificaban solo una parte de los errores introducidos deliberadamente en manuscritos. La magnitud del problema se reflejó también en las más de diez mil retractaciones contabilizadas durante 2023, según el análisis publicado aquel año en Nature, aunque las retractaciones no deben equipararse automáticamente a fraude ni su aumento permite, por sí solo, calcular la proporción de investigación defectuosa.

Nada de esto demuestra que la ciencia haya dejado de funcionar, porque buena parte de las deficiencias descritas se conocieron gracias a investigaciones que sometieron a examen los procedimientos y resultados de la propia comunidad científica. Esa capacidad institucionalizada de crítica, contrastación y rectificación es una de las características fundamentales de la actividad científica, aunque su eficacia dependa de recursos, incentivos y prácticas que también deben evaluarse. TecnoTimes abordó un ejemplo de esa revisión continua al explicar cómo los datos de DESI obligaron a examinar de nuevo la hipótesis de una energía oscura constante.

Infografía sobre la crisis de reproducibilidad científica, con las cifras de replicación en psicología, economía y biología del cáncer, la reducción de los tamaños del efecto, las limitaciones de la revisión por pares y las retractaciones de 2023

Un resultado influyente sobre el razonamiento motivado no supera nuevas pruebas.

Lo que sí queda en pie es más modesto y bastante más útil.

Una de las explicaciones más influyentes del razonamiento políticamente motivado procede de las investigaciones de Dan Kahan y sus colaboradores, pero conviene distinguir trabajos que a menudo se presentan como si fueran un único resultado. En un estudio publicado en Nature Climate Change en 2012, observaron que una mayor competencia científica y numérica no se asociaba necesariamente a una mayor percepción del riesgo climático y que las diferencias culturales podían aumentar con esas capacidades. En otro experimento publicado en 2017, los participantes debían interpretar tablas numéricas sobre asuntos políticamente sensibles, y los autores concluyeron que una mayor competencia numérica podía intensificar las interpretaciones congruentes con la identidad política. Ambos trabajos están relacionados, pero examinan medidas y predicciones distintas, por lo que las replicaciones de uno no pueden presentarse sin más como refutaciones del otro.

La hipótesis más fuerte del experimento de 2017 ha encontrado resultados contradictorios en intentos posteriores de replicación. Persson y sus colaboradores publicaron en Cognition en 2021 una réplica preregistrada que no obtuvo pruebas sólidas del incremento del sesgo político entre las personas con mayor competencia numérica. En PNAS, Stagnaro, Tappin y Rand (2023) tampoco reprodujeron esa interacción central en una muestra probabilística estadounidense que examinaba cinco asuntos controvertidos, aunque observaron respuestas más favorables a las posiciones propias. Yu y Opfer (2024) no encontraron el efecto al clasificar a los participantes por identidad política, pero sí identificaron un patrón compatible cuando utilizaron actitudes previas específicas. Por separado, Pröpper y sus colaboradores (2022) hallaron un respaldo limitado para varias predicciones de la teoría de la cognición cultural en veintitrés países, sin que aquel trabajo constituyera una réplica directa del experimento de tablas de 2017. También conviene conservar la escala de los resultados de 2012, cuyas correlaciones comunicadas de 0,08 y −0,12 eran pequeñas incluso según los propios autores.

El balance es menos espectacular que la afirmación original, pero resulta más sólido para una reflexión sobre el pensamiento crítico. Existen pruebas de que las identidades y creencias previas pueden influir en la interpretación de la evidencia, aunque los estudios posteriores no respaldan de forma consistente que una mayor competencia numérica intensifique ese sesgo. Tampoco se deduce que informar mejor a la población baste para eliminar los desacuerdos vinculados a la identidad, del mismo modo que sería injustificado concluir que aprender a razonar empeora necesariamente nuestra capacidad de juzgar los hechos.

Infografía sobre las investigaciones de Dan Kahan acerca del razonamiento políticamente motivado, las diferencias entre sus estudios de 2012 y 2017, las replicaciones posteriores y la influencia de las creencias previas en la interpretación de la evidencia

Escéptico y negacionista hacen la misma pregunta con intenciones opuestas.

La perspectiva de TecnoTimes sobre qué significa aplicarse el método a uno mismo.

El escéptico pregunta qué pruebas respaldan una afirmación y hasta qué punto son sólidas. El negacionista fija la conclusión primero y después descarta sistemáticamente cualquier evidencia que la contradiga. Las dos posturas usan el mismo vocabulario y a menudo las mismas preguntas, así que distinguirlas por el tono no funciona. El discriminador operativo es el que ya apareció antes, si existe alguna prueba concreta capaz de cambiar la posición. Rechazar un consenso sin argumentos contrastables no es pensamiento crítico, y aceptarlo sin entender siquiera qué tipo de evidencia lo sostiene tampoco lo es.

Hay además un límite que conviene reconocer antes de que lo señale otro, porque el método científico permite contrastar afirmaciones sobre hechos, consecuencias y probabilidades, pero no determina por sí solo los principios éticos o políticos que deben orientar nuestras decisiones. Confundir ambos planos lleva tanto a presentar las preferencias políticas como conclusiones inevitables de los datos como a descartar pruebas porque sus posibles implicaciones resultan desagradables. El caso del premio Ig Nobel de Ciencia del Suelo de 2026, cuya cita oficial no se correspondía con la investigación premiada, recuerda que un resultado puede desvirtuarse por errores de origen o durante su interpretación, atribución y difusión hasta convertirse en titular.

Toca entonces una declaración de parte. El borrador inicial de este artículo tenía como eje el hallazgo de Kahan, que más competencia numérica agrava la polarización, porque es un resultado elegante, contraintuitivo y perfecto para un texto sobre los límites del razonamiento. La comprobación posterior encontró las réplicas fallidas descritas más arriba, y hubo que retirar el eje y reescribir la pieza entera. No es una anécdota de taller, es el único modo honesto de escribir sobre esto.

Dato TecnoTimes. El criterio que más trabajo ahorra en una redacción no es desconfiar de las fuentes ajenas. Es comprobar primero aquellas afirmaciones que a uno le vienen mejor, porque son exactamente las que nadie dentro de la casa va a cuestionar.

La lectura de TecnoTimes es que el pensamiento crítico basado en la ciencia no consiste en dudar de todo, sino en discernir qué merece ser creído, por qué razones y con qué grado de confianza. Exige tres compromisos intelectuales, buscar la verdad antes que la confirmación de nuestras creencias, ajustar las conclusiones a la calidad de la evidencia y aceptar la posibilidad de equivocarnos. Esa es también la norma editorial que esta publicación declara por escrito, después de haber tenido que corregir una significación estadística que había descendido de 4,2 a 3,2 sigma, señalar un premio concedido a un artículo retractado y explicar por qué la NASA utiliza el condicional al anunciar una posible biofirma. La pregunta que orienta ese trabajo no es únicamente si tenemos razón, sino qué observaciones y comprobaciones podrían demostrar que estamos equivocados.

Infografía sobre las diferencias entre escepticismo científico y negacionismo, la necesidad de evaluar las pruebas y aceptar correcciones, los límites del método científico ante las decisiones éticas y el compromiso editorial de TecnoTimes con la evidencia

Referencias.

Fuentes y documentación utilizada.

La prueba de que un método funciona no es que confirme lo que ya creíamos. Es que obligue a retirar lo que ya estaba escrito.

🧠 DEBATE TECNOTIMES | Pensamiento crítico y evidencia, 2026

¿Qué debe hacer un medio cuando el resultado que sostiene su reportaje no se confirma en nuevas pruebas?

En un experimento publicado en 2017, Dan Kahan y sus colaboradores propusieron que una mayor competencia numérica podía intensificar la interpretación de datos favorable a la propia identidad política. Una réplica preregistrada de 2021 no reprodujo de forma sólida ese resultado, mientras que un estudio de 2023 con una muestra probabilística estadounidense tampoco encontró la interacción central, aunque sí observó efectos asociados a las posiciones políticas previas.

Explicar las comprobaciones posteriores introduce matices que complican un titular atractivo, pero omitirlas presenta como consolidada una conclusión que sigue en discusión. Descartar el tema por completo tampoco resuelve el problema, porque priva al lector de un ejemplo concreto de cómo la investigación científica examina y corrige sus propios resultados.

  • 🧩 ¿Debe un medio citar un resultado influyente sin explicar que su predicción principal no se confirmó en estudios posteriores?
  • 🔍 Si la revisión por pares no garantiza detectar errores graves ni fraude, ¿qué grado de confianza justifica por sí sola la publicación de un estudio?
  • ⚖️ ¿Cómo se comunica un consenso científico sin sustituir las pruebas por la autoridad ni presentar todas las opiniones como equivalentes?
  • 🚨 Cuando nuevas pruebas obligan a corregir un artículo, ¿debería la rectificación recibir una visibilidad comparable a la publicación original?
💬 ¿Qué debería pesar más al publicar una afirmación, la fuerza del titular o la calidad de las pruebas que permiten sostenerla?
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JL Meana

JL Meana — TecnoTimes

Divulgación científica con honestidad. Sin obediencia ideológica. Sin cuentos.

“Neutralidad no es objetividad y propaganda no es periodismo.”
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